Mundo de ficçãoIniciar sessãoCuando desperté, a la mañana siguiente, él estaba tumbado junto a mí, en la cama, acariciándome la mejilla con la yema de sus dedos. Ni siquiera se detuvo cuando abrí los ojos, o cuando le miré.
- Debería irme – dije, sin tan siquiera moverme un palmo, observando como el acercaba su rostro al mío, besándome dulcemente, justo como solía ser él. Fue un beso corto, pero intenso.
Me senté sobre la cama, apoyando los pies en el suelo, bu







