Despierto y Azzael no está en la pieza, ha dejado de llover, me abrigo y salgo, el olor a día después de lluvia es maravilloso, voy a la cocina y Azzael viene del granero con leña en los brazos. Mi madre sentada al lado del fuego de la cocina, hola hija, como amaneciste, a ver, siéntate acá. Me siento y me revisa la herida, bien, ya cicatrizó, estás bien, te duele algo?
- No mamita, nada.
Llega Azzael y me besa buenos días amor, como amaneciste. Bien mi vida, gracias. Mi madre me dice, le pedí