Sus mejillas se colorearon carmín al percibir de nuevo tal exquisito olor, quedando quieto al estar frente al alfa pelinegro
—Ehm —carraspeó tratando de no perderse en el omega — tus libros —extendió estos dos hacia el castaño, este pareció recuperar la memoria y los tomó
—No tenías por qué meterte Reich, yo ya iba acabar con él —respondió caminando lejos del alfa para ir hacia su amigo, pero este lo siguió
—Te sentí acorralado Aurel, solo quería ayudar —el omega se detuvo a solo unos pasos de