Los días siguientes se fundieron en una peligrosa nueva normalidad. Jax cumplió su palabra. Poco a poco, la ropa de Ethan fue migrando a su habitación. Su cepillo de dientes apareció en el baño de Jax, y su laptop terminó instalada de forma permanente en la mesita de noche, junto a la cama.
No hubo discusiones. Solo una reclamación silenciosa e implacable.
Ethan intentó conservar algo de control. Asistía a sus clases, se enterraba en los trabajos y evitaba estar en el apartamento todo lo posibl