Al entrar en la cocina, Hector encuentra a Doris terminando de preparar el almuerzo.
—Solo me faltaba esto… —Murmura para sí, visiblemente incómodo.
—Ten un poco de paciencia, Hector. Estoy segura de que pronto tu tía se va a aburrir y volverá a ese país helado suyo.
—Ojalá fuera hoy —dispara, sin rodeos.
—No digas eso —aconseja Doris, alzando una ceja. —Si sospecha que no es bienvenida, hará exactamente lo contrario y se instalará de una vez.
—Es… en eso tienes razón. ¿Pero justo hoy tenía que