—¡Una niña! —repetía Kate feliz, mientras caminaban por el pasillo del hospital.
—Ni siquiera puedo creerlo. —Los ojos de Rafaela llegaban a brillar.
—Necesito comprarle algo. ¿Cómo se llamará, Rafa?
—Todavía no lo sé. Con tantas cosas que han pasado, ni siquiera me detuve a pensar en un nombre para