— ¿Estás segura, Sofía?
— Sí, lo estoy — abrazó a su amiga. — No tienes que reprimir tus sentimientos por mí, me encantará verlos juntos.
— Pero no va a pasar, amiga. Además, no depende solo de mí, Mateo jamás me miraría con otros ojos.
— Eso es lo que tú dices. Ya hace un tiempo que he estado notando las miradas que te lanza cuando te ve por la casa.
— Deja de crear ilusiones.
— No es una ilusión, presta más atención a él y verás si estoy inventando o siendo realista.
— Ay, amiga, ya basta. Ve