La expresión de Eva demostraba que no se veía nada bien.
Aunque no quería sentirse nerviosa, Sofía temía lo que la mujer quería hablar con ella. Sin embargo, sabía que debía mantener su compostura y no dejar que su nerviosismo se notara.
— Señorita Eva, ¿algo está mal? —preguntó, acercándose a ella.
— ¿Tienes un minuto para hablar conmigo? Prometo no tomar mucho de tu tiempo —dijo Eva.
Las dos caminaron hasta un pequeño restaurante cercano y se sentaron a conversar. Eva parecía más calmada, pero