43. Sed de justicia

—No pueden entrar a la habitación del señor Gianluca. ¡Está custodiada, señora Elena!

—No confío en nadie ahora mismo. ¡En nadie! —Elena divisa nuevamente la camioneta, con el mismo corazón en la mano que hace un par de segundos—, ¿Le parece normal qué me acusen para que así deje a mi marido? Dios Mío, Gianluca —Elena enciende el auto. Pero las manos del señor Orlando la detienen—, intentaron hacerlo conmigo, el intento de asesinato frente a su oficina y ahora esto. Alguien quiere hacernos dañ
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