Ella se ha cambiado de ropa. Tanto Riso como ella cenaron. El pequeño estaba feliz en la nueva habitación.
—¿Flor? —el llamó y ella lo miró—. ¿Por qué besaste a ese hombre? —era una pregunta inocente, pero la tomó por sorpresa—. Pensé que conocías a alguien a quien amaba —dijo con un puchero mientras esas grandes perlas del océano la miraban traicionadas.
Ella lo acercó antes de pellizcarle las mejillas regordetas con adoración.
—No fue un beso. Fue um —ella no sabía qué decir.
—Él tomó los