—También Flor —dijo Ezra.
—Ella es una reina y yo solo soy una esclava —dijo en un tono desdeñoso, volviéndose para irse.
Ezra la alcanzó. Agarrándola del codo, la empujó hacia el cuarto de almacenamiento y cerró la puerta antes de empujarla contra la puerta mientras ella lo miraba con miedo y sorpresa bailando en sus ojos.
Mantuvo una distancia adecuada entre ellos. —¿Qué estás haciendo? —ella chasqueó.
Puso su mano al lado de su cabeza inclinando su cabeza. —Si no recuerdo mal, seis meses y o