Podía imaginar perfectamente como se sentiría tocarla. Deslizar los dedos por esa piel clara que brillaba bajo la luna, subir por la parte interna de sus muslos hasta encontrar el calor resbaladizo que ya olía desde su escondite.
Gruñir contra su cuello mientras ella arqueaba la espalda y gemía su nombre sin saber aún quién era él.
Un gruñido bajo casi inaudible vibró en su pecho.
Su miembro se endureció dolorosamente contra sus pantalones, palpitando con una necesidad tan brutal que tuvo que