Capítulo 115.
Alena se mantiene en silencio, pero al haber abierto solo un poco la blusa para que el brujo Agneo le viera el avance de su enfermedad, trata de ocultar de nuevo bajo las telas su secreto, pero Randolf se lanza a ella, deteniéndola.
— No, espera—dice él y siente las manos temblorosas de su luna en el momento en el que ella se siente expuesta
Randolf observa con sus propios ojos una telaraña enorme rodeando todo el costado, el vientre, hasta llegar a una de las piernas de Alena.
Era como un eno