—No puedes dormir, ¿verdad? — Allegra se sobresaltó al oír la voz de su marido
—Pensé que dormías— confesó ella
—No— respondió simplemente el pelinegro
— ¿Te arrepientes? — preguntó él con una voz que ella no supo interpretar
— ¿De qué tendría que arrepentirme?...
—De conocerme… de haberte casado conmigo… de tener dos hijas conmigo— suspiró— de todo lo que ha pasado entre nosotros
—No, claro que no— se apresuró a contestar ella— no me arrepiento de nada y no cambiaría nada— ella se pegó a