BRYCE
Un suave olor a lavanda inunda mis fosas nasales, me remuevo inquieto, la cabeza me duele una mierda y mi mano se desliza por algo que es suave, delicado. Abro los ojos lentamente, observando a la mujer de cabello caoba claro, con destellos rubios, que yace dormida pegada a mi pecho.
América Sullivan, no, ahora, es América Henderson, anoche, la follé como nunca, la hice mía una y otra vez, la llené con mi semilla tantas veces, la marqué, y ahora, me siento mal, porque una parte de mí,