AMÉRICA
—No tenemos nada de que hablar.
Trato de sonar tan firme como puedo, es imposible, más cuando mi pecho está siendo aplastado por el suyo, nuestra piel no se toca y aun así estoy sintiendo como su tacto se convierte en las brasas del infierno.
Sus ojos verde tropical, tan iguales como los de Madeline, hace que una sensación extraña se estrelle contra mi pecho, su respiración es tan inestable como la mía, espero a que alguien entre al baño, sin embargo, no lo hacen, me remuevo inquieta