Punto de vista de Kael
Tardamos cerca de una hora en encontrar el acceso.
La ruta había sido un laberinto cuidadosamente construido: senderos que parecían pistas falsas, puentes estrechos que crujían bajo el peso del coche, y largas curvas que nos devolvían siempre hacia el mismo silencio.
—Nos están llevando a la periferia a propósito —murmuré, con la vista fija en la oscuridad.
La vi a mi lado: Arwen Holmes, mi perdición y mi herida, atrapada entre el instinto y la necesidad de no desmoronar