Punto de vista de Arwen
La servilleta de tela, roja, demasiado limpia para aquel cuarto, fue lo último que vi antes de que la voz de mi captora llenara el aire como si también tuviera garras.
—Bien, te diré por qué estás aquí.
Me atreví a levantar la mirada.
El estómago se me encogió al reconocer la calma peligrosa de aquel hombre.
No era solo un lobo.
Era uno de esos que aprendieron a domesticar la ferocidad con etiqueta, con paciencia, con sonrisas.
Se limpió la comisura como si el mundo fuer