Maeve
Nos detuvimos a la sombra alargada de la iglesia gótica que se erguía frente a nosotros, imponente y majestuosa en la quietud de la noche.
Las grandes ventanas, adornadas con tracerías complejas, dominaban la vista; especialmente una gran roseta circular en el centro, compuesta por elaborados patrones que simulaban vitrales, aunque la oscuridad impedía ver su colorido habitual.
A ambos lados de la entrada principal, estatuas de santos y otras figuras religiosas vigilaban el lugar, sus ros