Capítulo 98.
Kael sintió la sacudida que lo hizo aferrarse aún más fuerte al cinturón de proyectiles en su regazo. La explosión del primero de los autos resonó como un trueno, llenando el aire con el olor acre de la pólvora. Miró hacia los hombres que estaban de pie en una de las curvas a las que se aproximaban, sus siluetas recortadas contra el resplandor de las llamas.
Sin pensarlo, abrió la puerta con la fuerza de un hombre que había dejado de lado todas sus leyes. Para tratar con bestias, debía converti