Capítulo 42.
Los acantilados vertiginosos impulsaron los pasos apresurados de cada uno al saltar. Las rocas se movían con el peso de quienes las pisaban, y la tierra se desmoronaba bajo las botas de los sujetos, que no contaban más de dos segundos con un pie en el mismo lugar.
El constante movimiento podía dejarlos exhaustos o muertos. Preferían la fatiga a la muerte instantánea y, gracias a su buena forma física, lograban mantener el ritmo mientras descendían por la pendiente. Rodear la zona les llevaría h