En el gran salón dorado de Automotrices Corpa una gran cantidad de periodistas aguardaban la llegada de Vincenzo Corpa, quien los había citado esa tarde para dar explicaciones sobre todo lo que estaba circulando sobre él, pero principalmente sobre Dana, era su nombre el que estaba desesperado por limpiar.
Los murmullos eran interminables, todos esperaban esa declaración, aunque ya la opinión pública tenía su parecer y todos lo defenestraban tanto a él como a Dana por ser un par de adúlteros.
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