El salón era un completo desastre, los guardaespaldas obedecían órdenes mientras los espectadores trataban de persuadirlos, temiendo ser arrastrados al problema.
Manuel, bajo los efectos del alcohol, no escuchaba razones y se dirigió hacia Adriana con una botella en mano.
La gente, viendo que la situación se agravaba, ya se preparaba para irse.
De repente, la puerta del salón fue pateada desde fuera.
Manuel se quedó atónito, recuperando un poco la lucidez. Todos pensaron que eran hombres de los