La doctora Duarte, con la mirada esquiva, no dijo nada más y se levantó para salir de la habitación. Luego, entró otra doctora, cuya actitud fue considerablemente más amable.
Después de una serie de exámenes, Adriana se sentó en el pasillo, todavía sintiéndose incómoda. Había una sensación persistente de dolor en el lugar examinado, lo que la llevó a pensar que quizás había sido lastimada durante el procedimiento.
Los resultados de los exámenes llegaron rápidamente y no mostraron ningún problema