La tercera ronda terminó en una atmósfera extraña.
Adriana ganó de nuevo.
—¡Lo sabía! ¡Realmente me están dejando ganar!— exclamó, disipando completamente la oscuridad de su rostro mientras miraba feliz a los tres en la mesa.
Aurelio y Daniel no dudaron en pagar, entregándole el dinero directamente.
Frente a Aurelio ya no había fichas pequeñas, así que tomó una de trescientos mil.
Adriana tomó cuidadosamente el dinero y dijo:
—No voy a pedirte más por ahora, tal vez pierda en la próxima mano y