En la sala de estar había un sofá. Omar se acercó a él con la intención de deshacerse del “dramático” que llevaba en brazos.
Adriana lo percibió al instante.
Anticipándose, lo abrazó más fuerte.
—¿Omar, quieres tirarme al sofá?
—¿No quieres que te tire?— Sonrió ligeramente y luego cambió de expresión en un segundo. —¡Entonces bájate sola!
—No, quiero que me abraces.
Omar frunció el ceño.
—No hay nadie aquí, ¿has terminado de actuar?
—¿Actuar? ¿Cómo puedes decir eso? Estoy siendo sincera.
—¡Adri