—Omar, hazme un poco de pasta— dijo ella.
—Tráelo a la habitación y te enseño a cocinar— respondió él.
—La última vez que hiciste pasta casera, no estuvo mal, solo la cocción fue un desastre.
...
La voz en su oído era constante, pasando de lo que quería comer al simple deseo de molestar.
Omar aguantó un rato, pero finalmente, cuando ella lo golpeó con el codo por enésima vez, no pudo más. Se volteó y la atrapó bajo él.
Adriana: ¡!
Parpadeó.
—¿No quieres dormir, verdad?— preguntó él.
—Tengo hambr