Alejandra tenía sudor en la frente. Sintió que la visión se volvía borrosa, sin tiempo para considerar las consecuencias de que la verdad saliera a la luz y la veracidad de las palabras de Adriana.
Adriana habló de nuevo.
—No podrás entrar en el consejo de administración y tampoco podrás casarte con los Cruz— dijo Adriana, y Alejandra la miraba fijamente.
Adriana cruzó los brazos sobre el pecho y se acercó a la entrada de las escaleras, admirando las flores de abajo.
—Eres una ilusa si crees que