El ambiente tenso se palpaba en el interior de un Bently aparcado al borde de la carretera. Ernesto y el chófer no se atrevían ni a hacer ruido. Omar se aflojó la corbata en el asiento trasero y dijo solemnemente:
—¿Todo esto por ese juego de joyas?
Adriana sonrió sin gracia y dijo:
—¿Crees que no estoy siendo razonable?
Omar frunció el ceño y replicó impaciente:
—Ya te he dicho que si quieres las joyas, te buscaré otro juego. ¿Qué más te disgusta?
—¡Estoy insatisfecha con todo! —Ella le miró