Adriana estaba nerviosa, pensando que no debía cometer un error y arruinar algún mérito.
Sin embargo, Omar pronunció unas pocas palabras con calma:
—Haz el bien sin mirar a quien.
Después de toda la mañana subiendo la montaña, enviándole flores, entregándole moras, y ahora sirviendo pasta y agregándole un huevo. Adriana primero se quedó con signos de interrogación en la cabeza, pero luego se quedó sin palabras.
Abrió la boca, pero decidió ser franca:
—Te escupí en la cara—Omar hizo una mueca.