POV Amara
La mañana llegó tímida.
El hospital, con su olor a antiséptico y paredes blancas, ya me parecía una prisión. Pero, al mismo tiempo, era la última barrera entre mí y el mundo de disputas que me esperaba allá afuera.
Ya estaba de pie, aún débil, pero vestida con ropa sencilla que Sabrina había traído. La médica recomendó reposo, nada de estrés, nada de esfuerzo. Sentí ganas de reír. ¿Cómo pedir calma en medio de una tormenta que no da tregua?
Cuando salí de la habitación, los vi a todos