POV Amara
El sonido de los tacones ecoó por el pasillo estrecho de mi edificio, cada golpe como una provocación anunciada. No necesité abrir la puerta para saber quién era. El perfume demasiado dulce, empalagoso, ya denunciaba su presencia. Beatriz.
El golpe seco en la puerta fue certero, y antes de que pudiera siquiera pensar en no abrir, Sabrina, de brazos cruzados, ya bufaba: — Estoy segura de que es ella —me susurró, con los ojos entrecerrados como una gata a punto de atacar—. Anda, abre. Q