La mañana se hizo presente, poco a poco los rayos de luz entraban por el balcón, era una luz cálida casi me abrazaba con su tenue entrada. Yo me sentía completamente consentida. Voltee a ver el reloj que se encontraba en la mesa de lado y marcaba las 6 de la mañana.
Podía dormir quizás por otra hora más, mientras esperaba la llegada de mi enamorado, pero los nervios de verlo y siquiera pensar en volver a estar íntimamente con él no me dejaron dormir. Mis manos sudaban y mi cuerpo se encontraba