10
Yolanda me envió una vez más, solo a mí, una foto de ella en la cama con Mateo. Sentí un asco profundo y corrí temblorosa al baño, donde vomité sin parar durante tres minutos.
Al mirarme al espejo, mis ojos se veían vacíos, sin vida alguna, y mi rostro ya no era joven. Me di cuenta de que había gastado demasiada energía en la familia Guzmán y en Mateo, pero nunca me había prestado atención a mí misma.
Al principio, pensé que mientras Mateo no proclamara de manera pública que iba a estar con Y