Saqué apresurada el celular y llamé a mi abogado, pidiéndole que enviara el acuerdo de divorcio firmado a Mateo. Luego, le mandé un mensaje de texto: [Les doy mi bendición. Adiós.]
¿Qué culpa tenía Mateo? Simplemente él había seguido fiel a su amor, solo que, por desgracia, no era yo a quien amaba.
Si hubiera despertado antes de este error de matrimonio, si lo hubiera dejado ir, quizás él y yo podríamos haber vuelto a ser esos grandes compañeros de pupitre de antaño, tan naturales y sin ningún t