Los invitados que llegaban a los jardines del lago azul miraban a hurtadillas a la pareja que estaba sentada en una posición ambigua en el asiento del conductor de un G-Wagon en el estacionamiento.
Se podían ver claramente dos siluetas abrazándose en el asiento del conductor. La figura femenina estaba a horcajadas sobre el hombre con la cara enterrada en el hueco de su cuello mientras su cuerpo temblaba ligeramente.
Los invitados no pudieron evitar despreciarlos en susurros.
—Los jóvenes de