Amelia sintió que Maximiliano se contraía contra su abdomen y de mala gana se apartó de sus labios. No quería que él se hinchara frente a todas las mujeres en el salón. Esa cosa en sus pantalones era de ella y solo de ella.
—Creo que deberíamos, eh, irnos ahora —ella susurró sin aliento.
—Si, vamos —Maximiliano estuvo de acuerdo y sostuvo la mano de Owen con una mano y la de Amelia con la otra mientras salían por el backstage.
—Papá, eso fue genial. Pero, ¿por qué reemplazaste las flores con ch