—¿Novia? ¿Está saliendo ahora? ¡Es una noticia maravillosa!
Maximiliano gimió. ¿Todas las madres eran iguales?
—Sí, pero algo le pasó a ella. Por eso llamé.
Sintiendo la seriedad en su voz, Luisa preguntó vacilante: —¿Q-qué pasó?
—Amelia está... en el hospital —respiró hondo y continuó—, ella se lastimó por mi culpa.
Una hora más tarde, la luz del exterior de la sala de emergencias se había apagado y salieron unos médicos.
El médico principal caminó hacia Maximiliano, que estaba encaramado en l