Horas más tarde, todo se había estabilizado, pero el precio de las acciones aún no estaba estable y mostraba signos de caer aún más. Pero esa era la menor preocupación de Maximiliano. Seguía preguntándose cómo estaría Amelia en la mansión.
Su teléfono sobre la mesa sonó, interrumpiendo sus pensamientos. Gimió cuando vio que era su madre, pero respondió de todos modos.
—Hola mamá.
—Hola hijito... ¿Qué es esto que estoy escuchando de que te involucraste con un rompehogares? —la madre de Maximilia