Ciara
Terminé de cepillar el cabello de Elanna y tomé una de las horquillas para sujetar los rizos brillantes que había heredado de su progenitor.
—¿Puedo ir a jugar ya? —preguntó inquieta por volver a la pequeña área de juegos que había sentado en una esquina de la habitación.
—Espera un momento —le dije terminando con los últimos detalles del peinado, la solté y no perdió tiempo en salir corriendo hacia donde la esperaban los juguetes.
—¡Ah, se ve tan linda! —exclamó la señora Maria desd