Ciara
Volví al auto con Aksel para ir a la empresa, se mantuvo en total silencio todo el camino y un beso fue lo que me dio prometiendo vernos en el almuerzo cuando el ascensor se detuvo en mi piso.
—Que sea en tu despacho —le guiñé un ojo haciéndolo sonreír mientras metía las manos dentro de sus bolsillos y lanzaba un beso al aire.
Con mis ánimos renovados caminé a mi cubículo, ni siquiera las ponzoñosas de las demás secretarias pudieron borrar mi sonrisa radiante.
—Vaya, vaya, miren quién