Superficialmente me daba un mes para decidir, pero a mis espaldas ya les había contado a los mayores sobre mi embarazo. Frente a todos, con el rostro sombrío, llamé a Juan a un lado.
—¿Qué pretendes? ¿Por qué les contaste sobre mi embarazo? ¿Me estás presionando, Juan?
Pero Juan actuó como si no me hubiera escuchado, tomó una servilleta y me limpió con cuidado el rostro. —Estás sudando, ¿tienes calor?
Viendo que Juan no respondía, intenté pasar de largo, pero antes de salir me agarró con suavida