MARTINA
Algo me dice que me dejé llevar de nuevo, que caí en la misma historia y que esta vez saldré más lastimada, y el problema es que sé que no podré unir los pedazos rotos que Lars dejaría de mí.
—La extrañé, señora Zelinda— la anciana me abraza y la recibí gustosa.
—Y yo a vosotros, por cierto, Lars se marchó, ¿verdad?
—Sí, ¿ocurre algo?
—Ocurre que este año no fue a buscarme a la casa de mi hermana y eso me decepcionó.
—No sabría decirle, solo sé que se marchó después del desayuno.
Ella a