Estaba completamente fuera de mi elemento, pero no podía dejar de comer. Mágicamente sentía tanta hambre que casi arrasó con todo lo de la mesa, estaba comiendo literalmente la mitad de un pastel de chocolate, con cubierta de chocolate, relleno de chocolate y por alguna razón tenía un ligero toque a licor y chocolate amargo, que era adictivo.
Estaba metiéndome otra enorme cucharada a la boca cuando la Luna de los SilverFang le terminó de dar un trago a su copa de vino.
Nos acababa de contar la