Sara se apresuró a mudarse de ropa, tenía que poner todo su empeño, esta oportunidad no la dejaría ir de sus manos, al menos no sería la amante de él y no se convertiría en una prostituta, lo demás lo soportaría con valentía.
—¿Cuál es tu nombre? —Sara se dirigió al hombre que está fuera de su cuarto.
—Peter, sígame, primero las habitaciones y los pisos, porque las chicas empiezan a trabajar desde las cinco de la tarde, para esa hora todo debe estar impecable, cuando los invitados lleguen, tie