Sara estaba deseando abrazarla, pero no quiso parecer una loca, además ni siquiera la conoce. Mientras charlaba con esa amable señora, se sentó sobre la cama.
—Eso mismo me decía mi nana, pero me es difícil creer eso. ¿Le puedo pedir un favor?
—Dependerá, solo recibo órdenes del jefe. Él es muy delicado.
—Tengo hambre, no he comido en varios días, padezco de ansiedad y me da miedo tener una recaída. ¿Podría conseguirme algo de comer, lo que sea? —la señora lo pensó, a ella solo le ordenaron q