Mundo de ficçãoIniciar sessãoAnastasia es hermosa, podría pasar como una modelo sin problemas, y con el contoneo vulgar de caderas que realiza mientras se acerca a la mesa a tomar la orden, no pierdo las esperanzas porque Lenin ponga los ojos en ella o en cualquier otra, y me deje en paz. Resignada, contenta y satisfecha con el cambio, tomo la libretilla, y me acerco al hombre (que no tiene nada de chico solitario) y lo observo detenidamente.







