25 de marzo de 1742
La sensación de falta de aire en los pulmones y un dolor muy intenso y agudo en su espalda, costillas y torso, aturden al comodoro. Intenta ponerse de pie con mucho esfuerzo, pero vuelve a caer al suelo. Apoya una rodilla para no desplomarse por completo.
Unas manos lo sujetan por los hombros y lo arrastran hasta atrás. No logra ver quién es pues su visión se ha vuelto borrosa.
—¿Está bien? —pregunta Selwyn.
—Sí —responde a duras penas. No está para nada bien. Le duele todo