24 de marzo de 1742
—¡Capitana! —La voz de Cooke la despierta de un salto.
Llevan cuatro días navegando a toda la velocidad que da el barco para poder llegar lo más pronto posible a la isla. Catherine se pone de pie de un salto y sale corriendo a la cubierta ante la llamada del marino; el paisaje que la recibe afuera no es ni una ínfima parte de lo que se imaginó que encontraría.
Una humareda inmensa se levanta casi veinte metros sobre la isla. Ni siquiera necesita el telescopio para mirar que