Lorenzo miró fija y silenciosamente a los miembros de la familia Silva con una sonrisa irónica.
Ahora, esos directivos que antes se creían la última coca-cola del desierto, ¡tenían la cara aún más larga como si mostraran preocupación.
Luis le dijo con mal humor: —¿Estás bromeando? ¿Quién te crees que eres?
Adán no pudo contener más su furia: —¿Un simple empleado aún se atreve a amenazarnos? ¿Cuál de nosotros aquí no está muy por encima de ti? Te eliminaríamos sin pensarlo, como si fueras una ho